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Colaboraciones
Sobre el recital- Recordando a Rousseau
Para neófitos en música y melómanos
Por Carlos Díaz
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ocasiones dejamos pasar lo esencial por considerarlo sabido, por eso me
gustaría resaltar algunas cuestiones en torno al recital.
Siempre deberíamos tener en cuenta el momento mágico que
puede suponer el recital, término acuñado por Listz para
definir el concierto de un solista con ó sin acompañamiento,
por sus peculiares circunstancias, por su propio transcurrir en el tiempo
( por ejemplo escuchar a un
Intérprete en diferentes etapas de su carrera) en cada uno de ellos
existe la posibilidad de alcanzar un hito.
Es una ocasión única para percibir los secretos y compendio
de conocimientos musicales de un intérprete que no deberíamos
dejar pasar.
INICIACIÓN AL CONCIERTO
Se cree comúnmente que la asistencia a un concierto (recital)
convertirá al espectador en una especie de "convidado de piedra",
pero esto sólo será así si desde el comienzo perdemos
el interés y nos dejamos llevar por la apatía y el tedio;
en nuestra actitud residirá la capacidad para obtener el máximo
disfrute. Una vez tomada la decisión de asistir... ¿porqué
no aprovecharla? Para esto hacen falta básicamente unas cualidades
para apreciar y disfrutar de la música en un concierto como poseer
oído y gusto musical a la vez de curiosidad hacia la interpretación,
trabajadas a veces inconscientemente y que no deberíamos menospreciar.
Debemos luchar contra esa elusiva frase de: es que yo... de música
no entiendo...
PRESENCIA-CONCENTRACIÓN
Aunque no siempre posible, sería aconsejable incorporarnos en buenas
condiciones, esto es en cierta armonía pero también con
atención hacia ése mensaje que sin duda suscitará
sentimientos y, quizá la característica más sublime
de este abstracto arte, variará según nuestro estado de
ánimo dejando volar la fantasía a través de los sentidos.
Nuestra disposición jugará un papel decisivo en el desarrollo
del concierto; el intérprete percibirá si se le presta atención,
si hay expectación, interés y así afrontará
el recital con su mejor ejecución . "La música exige
concentración, es una experiencia colectiva que debería
ser tan importante para el que toca como para el que escucha" (Pierre
Boulez)
COMPRENSIÓN
La comprensión de la obra musical estará en función
de las aptitudes individuales-elementales- oído y disfrute musical,
valoración de la interpretación, ó complejas, más
difíciles de adquirir, pues habrán de trabajarse tanto en
el plano aficionado o experto-como oyente- en menor o mayor medida, como
son conocimiento del repertorio, análisis interpretativo que abarca
ritmo(tempo) fraseo(respiraciones, matices, acentos y ligaduras) dinámica
(reguladores, pianos, fortes) empleo del rubato y legato (agógica)
estilo (época), técnica instrumentística (procedimientos
y digitaciones) y por supuesto, presencia escénica. (Áureo
siempre nos dijo ¡la música entra por los ojos!)
ACCION-EFECTO
En el tácito acuerdo buscado entre el intérprete y el público
si se llega a producir la comunicación como lenguaje que es, podemos
hablar de algo comparable a un circuito cerrado, que generará entusiasmo.
Las actitudes son proporcionales y suponen un aditamento extra tanto en
uno como otro sentido-acercamiento o indiferencia-
Por otro lado, la audición del concertista que represente nuestros
ideales sonoros debería ser en justicia equiparable como mínimo
a la de las llamadas "estrellas" de los banalizados mundos del
rock pop, etc y que extrañamente se da. Ha sido mas frecuente hasta
hace poco ver magníficos intérpretes actuando en desangelados
auditorios que ha melómanos esperando estoicamente la compra de
entradas. Posiblemente el éxito dependa en grandísima parte
del imprescindible e inevitable marketing (recordemos a Karajan anunciando
sus conciertos con carteles por todo Viena)
REPERTORIO
La pretensión del intérprete debe ser en primer lugar la
de complacer a la audiencia, con obras de reconocida calidad donde el
público puede tener acceso a una crítica más o menos
acertada, tal vez subjetiva, pero también indagar, aportar conocimientos
sobre nuevos lenguajes, nuevas estéticas, arriesgada apuesta que
siempre deberíamos agradecer.
Por lo expuesto anteriormente y en cuanto a la repetición sistemática
de determinado repertorio, especialmente en el de guitarra, quizá
el problema resida en el propio público, pocos están dispuestos
a realizar el esfuerzo adicional que supone la audición de nuevas
obras por la necesidad de una mayor capacidad de análisis y posesión
de bagaje musical, su disfrute es mas gravoso, sobre todo en un país
de escasa cultura y tradición musical como el nuestro. Pongamos
como modelo los conciertos para músicos que organizara en su día
Arnold Schönberg.
GRATITUD HACIA EL INTÉRPRETE
El mérito hacia el concertista siempre ha de ser reconocido, el
hecho de afrontar con solvencia un recital siempre es expuesto, exige
sacrificio, tesón, bravura, honradez. Conseguir convencer a un
auditorio con la ayuda exclusiva del instrumento, con las limitaciones
tímbricas que obviamente conlleva, es si nos detenemos un instante
a recapacitar, sencillamente una proeza.
La combinación visual y auditiva en el recital no puede tener parangón
para el auténtico melómano, las emociones, los sentimientos,
inciden directamente sin intermediarios, en ése instante, en estado
puro, es el momento y el lugar, la sala de concierto (homo ludens-Huizinga)
LA CRÍTICA
Por otra parte esto no significa que se deba eludir la crítica,
sino muy al contrario, debemos cultivarla intentando ser objetivos. Analizar
los aspectos de cada interpretación es vital, sobre todo en el
caso de estudiantes y profesionales para absorber, empaparse y paladear
(lo positivo) y rechazar lo negativo, valido también para espectadores,
crecer musicalmente hablando para ir obteniendo una progresiva satisfacción.
RECORDANDO A ROUSSEAU- (LA NECESIDAD DE LA COMUNICACIÓN)
Un extracto de su obra Emilio que puede darnos una óptica también
válida y aplicable para el mundo de la música:
"Es la debilidad del hombre lo que le hace sociable; son nuestras
comunes miserias las que inclinan nuestros corazones a la humanidad; sino
fuésemos hombres no le deberíamos nada. Todo apego es un
signo de insuficiencia: si cada uno de nosotros no tuviese ninguna necesidad
de los demás, ni siquiera pensaría en unirse a ellos. Así
de nuestra misma deficiencia nace nuestra frágil dicha. Un ser
verdaderamente feliz es un ser solitario: sólo Dios goza de una
felicidad absoluta pero, ¿quién de nosotros tiene idea de
una cosa semejante? Si alguien imperfecto pudiese bastarse a sí
mismo, ¿de que gozaría, según nosotros? Estaría
sólo, sería desdichado. Yo no concibo que quien no tiene
necesidad de nada pueda amar algo: y no concibo que quien no ame nada
pueda ser feliz."
Necesitamos relacionarnos y encontrar a los genios donde mirarnos.
Febrero 2006
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